jueves, 17 de marzo de 2016

MARTÍNEZ 2016

Por Francisco Martínez Cruz (México).

Poesía

Cuando tengas tiempo, llámame


No es que tu voz escuchar quisiera,
ni el sonoro aullido de la voraz ciudad
desde donde me escribes,
ni el murmullo de los comensales,
ni el ligero silbido del caprichoso viento
que te acaricia y te sacude.

No me envíes mensajes con tu voz,
de nada me sirve tenerla así grabada,
como retrato caótico de sonidos
o como estatua audible y despreciable,
que a ratos juzgo sea canción de ensueño
y la reproduzco tantas veces sin interrupciones;
o a ratos la estimo en simple ruido
destructor inicuo de mis soledades
y la tranquilidad ufana en que me recreo.

Lo que más bien yo quisiera
es entreverar al mismo instante
el ritmo de tus tonalidades
y el compás de mis respiros
y el natural atropello de nuestras intervenciones
y tu emoción hablada, y mis suspiros
y el color de tus frases
y el frescor de mis palabras inventadas
y el jovial acorde de nuestras carcajadas
y tus caricias habladas, y mis quimeras.

Con esas notas componer quisiera
el místico diálogo, la breve melodía
de nuestras voces distantes pero enlazadas
que, aunque sin huella tangible
en la nube artificial de los recuerdos,
no tenga otro más fútil registro
que el que a placer mude y arregle
el mortal cálamo de nuestra fugaz memoria.


Soneto I

Si asomo apenas un breve deseo
de apagar por ti mi suspiro hiriente
encuentro a quien con su consuelo urgente
dice curarme en breve y yo le creo.

Así olvidarte pronto me planteo
y pruebo en dos buscar la paz ardiente
pero aunque tanto amor tenga de frente
no causan el placer que en ti sí veo.

Y si la causa eres de mi tormento
y ni uno y menos dos cambian mi suerte
he de aumentar la dosis en un ciento;

los sentiré, mas te traeré en la mente,
y terminarán antes con mi aliento
que apagar tu suspiro en mí vigente.

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